Abriendo los ojos

M. Buen 2005 “Transmutación equina” Cráneo de yegua 58 x 38 centímetros.

Cuando definimos una forma de arte transcendental estamos dándole un valor en relación a la función que cumple en cada tipo de creación artística, sin distinción de forma o medios. Arte Trascendental puede ser, como en el caso que nos detiene, la escritura, la ilustración,  la fotografía, la escultura, y todas las formas conocidas como la poesía, la pintura, la danza, el cine, el vídeo, la música, la instalación, el comic, la gastronomía y otras aún por conocer, desde el momento en que “a través de ellas” el ser humano trasciende su condición de finitud material para manifestar su dimensión inmortal.

 

 

Cada uno de nosotros somos artistas divinos y creamos nuestra realidad a través de nuestras emociones y nuestro pensamiento; cuanto más  crea, sufre y experimenta una persona, más crece su conocimiento, tolerancia y comprensión.

 

M. Buen 1997 “El tesoro de un niño de la posguerra” 30 x 25 centímetros.

Una manera en la que el ser humano se define a sí mismo es en base al rol que juega frente a las oposiciones y condicionamientos que le llegan del exterior y el interior. La naturaleza impone unos límites espacio-temporales a todo ser vivo. Tenemos un tiempo determinado de vida, un cuerpo limitado, una época precisa y una conciencia comprimida. Transgredir esas limitaciones es dónde se encuentra en el Arte, el significado de trascendente.

 

M. Buen 2008 “Reminiscencias Profesionales” 50 x 50 centímetros.

El arte del futuro será espiritual o no será,  con figuración o sin ella. No es posible para el hombre moderno vivir en la creencia de su estricta materialidad. Si para algunos esto no es no solo posible, sino lo único verosímil, peor para ellos. Los graves problemas  con que va a enfrentarse la humanidad en los próximos treinta años, al superar el umbral del año 2000, exigirán esa condición espiritual”.

 

 

                                                                                   Juan Eduardo Cirlot

 

El arte es la forma de expresar diferente nuestros sentimientos y nuestras emociones.

M. Buen 2003. “A mi madre” Óleo y liquen parmelia 100 x 60 centímetros. La obra representa un cuerpo que sufre pero vive con la esperanza de sanar de amor.

El creativo trascendental usa el arte como  recordatorio preferido para acceder  a la experiencia, elaborando un diario  íntimo  y personal con objetos y cosas sencillas que encuentra en su camino, dejando una huella inefable de sus sentimientos y emociones.

 

El miedo nos detiene y paraliza.

M. Buen 1982 “Miedo” madera de pino 5 x 12 centímetros.

El hombre moderno,  en los albores del tecnocratico siglo XXI, se olvida de reflexionar  sobre sí mismo, sobre lo que realmente quiere afín a su vida.   Envuelto en un mundo  tremendamente competitivo y a veces poco productivo, el hombre contemporáneo se olvida de por qué hace lo que hace, actuando con prisas y desconfianza, movido  como boya a la deriva, principalmente por las circunstancias que van saliendo a su paso; como si lo urgente y trivial, lo material y  lo externo,  fuera más importante que lo espiritual y lo interno; como si su tiempo tuviese menos valor que las cosas, cuando su tiempo es realmente su propia vida. 

Cuanto más trasciende una obra más cuesta elaborarla.

M. Buen 2012 “Sincronicidad” 100 x 100 centímetros. Realizada con los cientos de botones y pintauñas recuperados de la desaparecida mercería de Casa Berdón ubicada desde los primeros años del ajetreado siglo XX en Sabiñánigo; la que un día fue próspera ciudad industrial. Consuelo y esperanza de cientos de hombres y mujeres sencillos llegados de infinidad de lugares, todos ellos víctimas en su tierna infancia de la vergonzosa Guerra Civil Española.

El arte necesita de la filosofía, pero la filosofía  también necesita del arte, pues sin obras de arte, el camino hacia la verdad está vedado para la filosofía desde hace tiempo.

 

Lo que realmente hace a una persona libre es la comprensión y esto solo se adquiere a través de la  meditación y la intuición.

 

El hombre y la mujer del tercer milenio, en los albores del tecnocrático siglo XXI, precisa estar un poco más a solas consigo mismo.

 

El artista trascendental, a través de la sincronocidad, nos brinda  una nueva visión espiritual forjada en el propio ser, en la propia realidad, que nos habla del hombre  y de la vida.

 

 

Hay muchas cosas más importantes que mi obra, pero esta sirve para   ayudarnos a comprender  esas cosas.

 

                                                                                              M. Buen

 

M. Buen 2013 “individualización” Llaves añejas sobre tabla de nogal 30 x 10 centímetros.

Como las llaves sirven para abrir barreras,  el arte trascendental abre conexiones de hechos hasta entonces ininteligibles.

 

M. Buen 1997 “Muchedumbre” Llaves relegadas sobre tabla de pino 60 x 26 centímetros.

Todas las personas que nos rodean no se encuentran  en el mismo estado psicológico y espiritual. Algunas se encuentran en un estado primitivo, otras, por el contrario, están un poco mas avanzadas, otras, todavía un poco más evolucionadas y finalmente, aunque en un número muy reducido, se hallan las que han transcendido la normalidad humana.

 

 

“Intento encontrar modos de descubrir cosas diferentes en la gente para en ese proceso descubrir reflejos de mí mismo”.

M. Buen 2010. “Los Cien Espejos”

El primer rostro, con tan sólo un añito de edad, es el de Lucia (A-1) descendiente de la desaparecida “casa Berdón” de Sabiñánigo, representando, como los rostros inmediatos que  le siguen, la  inocencia y la pureza. El último es el de Carmen (L-10), de “casa Canela” de Jaca, poco antes de cerrar los ojos por última vez en el año 2010 a sus 100 años de edad. Carmen, igual que los  rostros inmediatos que le preceden, representa la experiencia  y el conocimiento; los dos pilares de la sabiduría, forjados, el primero, a través de las leyes de la evolución, la comprensión y el amor. El segundo emerge del propio destino, manifestándose a través de la sincronización y las  leyes de causa-efecto.

 

Imagen es sinónimo de pensamiento.

M. Buen 2005. “Solo el pasado es cierto”

Todo lo real se guarda y se archiva en el  pasado, de donde se le rescata y se le preserva de la caducidad, pues nada del pasado está irremediablemente perdido: todo se almacena en él ineludiblemente.

 

                                                                                   Víktor Frankl

 

Contexto social

M. Buen 2012 “Mi Tribu”. Mazo de carrasca y badajos de boj, abeto y hueso sobre tabla de nogal 50 x 20 centímetros. El autentico mazo de carrasca fue utilizado antiguamente para machacar los granos de trigo y convertirlos en harina para elaborar pan.

El ser humano quiere definirse, encontrar un sentido a la vida, establecer valores, prioridades, explicarse dentro del contexto social que lo rodea, hallar su lugar, saber quién es. El significado solo puede encontrarlo en las actividades mentales de sí mismo, su pensamiento, ideología, creencias, gustos, preferencias…

 

El arte trascendental como práctica espiritual.

M. Buen 2012 “Santo Cristo” sobre fondo dorado “ 70 x 50 centímetros.

Generalmente el arte está asociado desde la antigüedad con la espiritualidad, por la nutrida representación de imágenes sagradas. Omitiendo el hecho de que también existe una espiritualidad laica, que no se refiere a ningún culto o práctica religiosa.

 

El azul y el oro  son dos colores contradictorios que al mismo tiempo que se atraen se repelen.

 

Serían utilizados en el arte bizantino. Como claro ejemplo lo tenemos en el más famoso mosaico de la “sagrada Iglesia de la sabiduría” “el cristo pantocrátor”.

 

Espiritualidad

M. Buen/1993 Virgen de transición. Tarugo de coral de pino 15 x 40 centímetros.

Desde siempre, la espiritualidad de los pueblos se ha expresado con imágenes pictóricas y escultóricas magistralmente elaboradas por sencillas manos artesanas, encargados por nobles y poderosos señores para formalizar los conceptos abstractos de un culto  y de un sospechoso sentimiento místico.

 

 

 

No tendrás otro Dios que a mí. No harás esculturas o imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay debajo sobre la tierra, no te postraras ante ellas, y no las servirás.                    

                                                  Éxodo 19-20

Meditación

M. Buen 2006 “Luna llena al atardecer”. Al fondo, silueteados por el horizonte el puerto de Monrepos, la sierra de la Gabardiella, Corcurezo, Fragineto. Petreñales y la cima más alta hasta la costa levantina, la peña de Guara.

Me relajo ante el horizonte; el infinito está delante de nosotros musitando en silencio, como el río susurraba a Siddharta, palabras de amor y de esperanza.

 

Cuando meditamos toda experiencia sensorial, evocamos un estado de conciencia único caracterizado por indicadores fisiológicos apreciables, encauzando lo inmanifiesto  a través del pensamiento y la intuición.

 

La intuición

M. Buen 1998 “Giacometi ( 1 x 4,5 metros) sobre la nieve en la terraza de “casa Conde” de Acumuer.

La ciencia intuitiva es la ciencia suprema de conocimiento.  Mediante la intuición, cada contenido se presenta como un todo completo en sí mismo,  sin que seamos capaces de explicar o de descubrir  cómo ha sucedido tal cosa… Por ello, el conocimiento intuitivo posee un carácter intrínseco de certeza y de convicción.

 

A través del pensamiento y la intuición, el  arte trascendental nos  descubre el alma secreta de las formas, enseñándonos a comprender la belleza, canalizando la energía que emana dentro de nosotros mismos.

 

La intuición, ese sexto sentido excluido en las computadoras y ordenadores inteligentes, es la capacidad divina que  tiene todo ser humano de trascender el tiempo y el espacio.

 

 

                                                                                   Rupert  Sheldrake

 

Un paisaje vacío es una referencia histórica dónde se aúnan presente, pasado y futuro”.

M. Buen. Acumuer primavera de 2008 terraza de “Casa Conde”

Agudizando la mirada distinguiremos al fondo, silueteada por el horizonte, la Peña de Guara y la sierra de la Gabardiella.

 

El cielo, las nubes, los montes e incluso las golondrinas con sus alegres y sugerentes vuelos acrobáticos son similares  a los que hace casi mil años contemplaría el ilustre clérigo serrables Banzo.  El buen Banzo sería durante 35 años  desde el 1035 hasta el 1070, el abad del  monasterio de San Andrés de Fanlo, situado a dos leguas  al noroeste de la aldea de Ipiés.

 

En el año 1.068, el futuro Papa Gregorio VII, promueve la reforma gregoriana cambiando el ritual mozárabe por el romano. El abad Banzo, que por aquel entonces regía el monasterio de San Andrés de Fanlo,  se negaría al cambio litúrgico, siendo destituido para evitar  discordancias con la autoridad eclesiástica por el  joven rey aragonés de 24 años de edad Sancho I de Aragón y Pamplona, hijo del íntimo amigo del  insigne abad el rey Ramiro I.  Banzo,  sería cesado de su dilatado abadiazgo en el monasterio de San Andrés de Fanlo y en el 1070  destinado al apartado monasterio de San Martín de Cercito, situado aguas arriba del río Aurín en las proximidades de la aldea de Acumuer.

 

Banzo, en la nueva abadía, se alejaría de la imposición de la Iglesia romana para cumplir con las abnegadas  aspiraciones  de  una auténtica vida cristiana, viviendo los  últimos años  de su existencia en simbiosis con  Dios y  la madre naturaleza y practicando hasta el final de sus días el  antiguo rito mozárabe.