EL REY MAGO DE "CASA BERDÓN"

Sugestivo buzón de los años setenta para recoger las cartas de los niños dirigidas a los Reyes Magos.

El rey de cartón piedra que aparece arriba  presidió, en la década de los años setenta, los días anteriores a la festividad de reyes,  la entrada a la desaparecida juguetería de casa Berdón, para recoger las cartas de los  ilusionad0s niños y niñas de la comarca serrablesa dirigidas a los Reyes Magos de oriente.

 

En el año 2005 todavía guardaba en su interior, desde finales de los    años setenta y primeros de los ochenta del pasado siglo XX,  más de un centenar de cartas, todas ellas completamente      relegadas y apelmazadas.

 

Inspiradas  por niñas y  niños  que hoy, en la segunda década del tecnocrático siglo XXI, son hombres y mujeres entre los cuarenta y los cincuenta años de edad, muchos de ellos padres y madres de familias responsables y comprometidas con la sociedad y la época que les ha tocado vivir.

 

Todos nosotros en un momento somos una persona, en el momento que sigue otra, poco después una tercera y así sucesivamente en el transcurso de nuestra vida.

 

Al contar siempre con las mismas actividades  físicas,  al oírse llamarse siempre con el mismo nombre, al hallar en sí los hábitos o inclinaciones que siempre ha conocido, todo hombre o mujer se imagina  siempre siendo la misma persona, pero el ser humano, tal como lo conocemos, cambia y evoluciona continuamente.

 

 

Posiblemente la idea más revolucionaria que  el filósofo y pensador ruso George Gurdjiell trajo de oriente fue la idea del “recuerdo de sí-mismo”. Esta idea lleva asociada en él  una patética realidad: la que el hombre no se acuerde de sí-mismo.

 

El hombre tiene dificultades para autoanalizarse psíquicamente. Ninguno nos acordamos de nosotros mismos, de nuestro pasado, no nos sentimos, ni somos del todo conscientes de  quienes realmente somos. En nosotros se observa lo que hablamos y pensamos, pues todo se ve y se nota por sí solo.

 

Para observarse uno,  realmente ha de detenerse volviendo la mirada hacia atrás, tratando de  recordarse a sí-mismo. Toda la vida se basa en esto, en conocerse a sí-mismo. Toda la existencia humana, toda la ceguera de la humanidad se debe al olvido de sí-mismo.

 

Si un hombre o una mujer conoce de verdad que es incapaz de recordarse a sí mismo ya esta más cerca de conocer y comprender su propio ser interior.