Conociendo y asimilando el pasado podemos ir más allá del mundo del que formamos parte. Osho.

De norte a sur. Vista de la comarca Serrablesa desde la abadía de Acumuer. Al fondo en el centro de la imagen el espolón de Fragineto, a la derecha ocultándose tras el monte de Larrasul el tozal de Guara. Al otro extremo se puede apreciar claramente la perfecta horizontalidad del puerto de Monrepós, delante de la suave redondez de la sierra de la Gabardiella.

Uno de los clérigos más ilustres de la comarca Serrablesa que ocuparía la silla abacial del monasterio de San Martín de Cercito en Acumuer sería el Abad Banzo, que años atrás entre el 1.035 y 1.070 regiría con gran  acierto el abadiazgo del monasterio de San Andrés de Fanlo situado en las cercanías de la aldea de  Ipiés.  Las dos abadías dependían del  monasterio cisterciense de más alta entidad del reino de Aragón el de San Juan de La Peña, enclavado en el mismo culo del granito, a pocos kilómetros de Jaca y de la ruta jacobea cristiana.

 

Se desconoce, según escribe el brillante historiador Serrables Domingo Buesa Conde, el lugar y la fecha de nacimiento del prestigioso Banzo, pero se sabe que desde su apartado monasterio de San Andrés de Fanlo  vio nacer el reino de Aragón, que integrado por las tierras del antiguo condado y las del Serrablo, dejó como legado el Rey Don Sancho el Mayor a su hijo Ramiro I (1.035-1.064). Banzo, contemporáneo de D. Ramiro se identifica con su rey, siendo hombre de confianza y en el largo periodo que este reina, el monasterio de San Andrés de Fanlo se ve engrandecido con bienes y propiedades en diversas aldeas de la comarca como Ipies, Lanave, Buesa, Ordovés y Abenilla.  Banzo no solamente organizaría durante varias décadas la vida religiosa en el valle del Gállego, sino que también se implicaría en la reconquista emprendida por Sancho Ramírez Ievantando una torre en Alquézar para engrandecimiento de cristianos y mal de moros.

 

El rey D. Ramiro, en agradecimiento a su labor  y buen hacer, compensaría  a su amigo Banzo regalándole, lo que tantas veces le había oido nombrar, un hermoso “beato”  elaborado en el monasterio de San Millán de la Cogolla que haría las delicias del abad y de los clérigos del monasterio, sirviéndoles  de inspiración como señala el profesor Fernando  Galtier  Martín y sus colaboradores Maria Cabanes Percourt, Lourdes Diego Barrado y Carmen Morte García para enriquecer con singulares ornamentos y detalles arquitectónicos algunas de las iglesias del circulo “larredense”, construidas bajo el abadiazgo de Banzo desde el monasterio de San Andrés de Fanlo. Por aquella época el más importante del valle del río Gállego.

 

El monasterio, bajo  la dirección del abad Banzo, sería el organismo promotor de varias de   las encantadoras Iglesias del Serrablo, situadas en una zona  del valle del Gállego hasta aquellas fechas sin evangelizar. Se construirían a partir de un modelo único intercalando diversas fuentes de inspiración como la interacción entre un estilo artístico extranjero, la tradición local y la más influyente de todas ellas, la contemplación de las llamativas miniaturas ilustrativas que aparecían en el beato que el rey  D. Ramiro regalaría a Banzo, uno de los hombres de su confianza salido de una distinguida familia aragonesa.

 

¿Que es un Beato?

Copia perteneciente a la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial del códice albeldense donde se representa “el lector y el códice”

Si nos fijamos en el entorno dibujado que circunscribe las imágenes y los textos, observaremos reminiscencias evidentes que nos recuerdan ciertamente las ventanas geminadas de algunas de las Iglesias Serrablesas. Esto confirmaría de alguna manera la teoría del profesor Galtier y su equipo, donde comparten la idea de que el popular beato del Rey Ramiro I regalado al abad Banzo, era una copia del beato del escorial que serviría como inspiración para decorar la arquitectura de algunas de las Iglesias del círculo larredense.

Un beato es una copia manuscrita del códice comentario al Apocalipsis de San Juan; considerados como manuscritos iluminados mozárabes, eran manifestaciones artísticas,  las más importantes de aquella época medieval.

 

El término mozárabe se aplicaba a los  auténticos cristianos sometidos a los musulmanes que mantuvieron inmutables con coraje y valentía sus creencias religiosas; un  reflejo lo tenemos en la vida y obra del buen Banzo.

 

Los “beatos”,  uno de los géneros literarios de la humanidad judeo-cristiana, cultivaron el tema del Apocalipsis seguramente con el objeto de dar una respuesta al hombre cuando  este se sentía al borde del tiempo, del espacio y de lo real. A través de los mismos, el hombre espiritual creía recibir la revelación de los secretos divinos desvelados por el propio Dios.

 

Independientemente del valor cultural los textos calmaban la inquietud espiritual de los creyentes preocupados por los males de su tiempo, como  el cercano fin del mundo y la muerte personificadas en la España medieval por la invasión islámica y el fin del reino cristiano visigodo.

 

Lo más sugestivo de estos libros eran las elaboradas ilustraciones de exquisita filigrana fuertemente coloridas donde aparecía diversidad de personajes  entre temas florales y  arquitectónicos denominados “miniaturas” no por su tamaño, sino por estar elaboradas con el uso de minio como pigmento.

 

Iglesia de San Pedro de Larréde.

M. Buen / 92. Recreación. Iglesia de Larréde. Madera de boj 103 X 165 mm

Las encantadoras Iglesias  del circulo Larredense son  pruebas evidentes del pasado lejano que han perdurado hasta la actualidad, gracias a la inestimable labor de la asociación cultural de AMIGOS DEL SERRABLO para mostrarnos de alguna manera que en verdad algo fue y algo existió realmente.

 

San Pedro de Larréde por Julio Gavín.

Recreación de San Pedro de Larréde a partir de un linóleo (200/50) de Julio Gavín Moya

La Iglesia de San Pedro de Larréde   levantada hace  mil años es uno de los gritos más profundos y reveladores de la  comarca alto aragonesa del Serrablo.

 

En su ábside  el viajero sensible puede contemplar  versos de un poema en piedra,  fantásticos  arcos ciegos de herradura, un característico  friso de baquetones y   una peculiar   ventana geminada, símbolo de la comarca serrablesa del alto Gallego.

 

Iglesia de Satué

M. Buen / 92. Iglesia de Satué. Madera de boj.
132 alto X 112 largo mm.

En la Iglesia de Satué, igual que en la de  Lárrede, se puede  apreciar también  los característicos arcos ciegos de herradura y el singular friso de baquetones.

Hay constancia que en el monasterio más importante del valle del Gallego San Andrés de Fanlo disponía desde al menos finales del siglo XI de todos los utensilios precisos para poder construir un edificio o elaborar una forja.

La morosa contemplación por los monjes de Fanlo del beato que el Rey regalo a Banzo inspiraría  tanto a los monjes del monasterio, como a los maestros constructores  que vinieron a trabajar al valle del rió Gállego. Solo tenemos que comparar las imágenes que aparecen  dibujadas en el beato  con los detalles arquitectónicos mas característicos  que nos descubren algunas de las Iglesias del circulo larredense. Para advertir, aun siendo un  neófito que  algo hubo. Como bien señala el profesor Galtier y sus colaboradores en la lujosa publicación “El beato del abad Banzo”

Iglesia de Allué

M. Buen / 92. Iglesia de Allue
Madera de boj.
150 Alto X 10 Largo mm

La antigua Iglesia parroquial, consagrada a San Juan Bautista de Allué es de estilo romanico, del siglo xII

 

El análisis de las Iglesias del valle del Gallego edificadas durante el abadiazgo de Banzo hace suponer con todo fundamento, que no de todas ellas, pero si de gran parte de las que se agrupan en el denominado circulo Larredense seria promotor.

 

 

 

Iglesia de San Bartolome de Gavín

M.Buen / 92. Iglesia de San Bartolomé de Gavín.
Madera de boj.
147 Alto X 101 Largo mm

Algunos autores consideran que este templo, adscrito al núcleo biesquense de Gavín, fue la iglesia parroquial de alguna población ya desaparecida. Construida por cristianos mozárabes, a mediados del siglo X, cuando el dominio era musulmán. Cronológicamente es la más antigua del grupo de las Iglesias Serrablesas  datada sobre el año 950. 

Iglesia de Lasieso

M.Buen / 92. Iglesia de Lasieso
Madera de boj.
120 Alto X 97 Largo mm

Las iglesias larredenses coinciden en detalles arquitectónicos y ornamentales desprendiendo un claro espíritu mozárabe. Están fabricadas partiendo de una planta rectangular, con el ábside orientando hacia oriente siguiendo esa atávica práctica de las majestuosas catedrales románicas donde los fieles se desplazaban de las tinieblas a la luz.  Algunos de los sencillos oratorios están decorados con arcos ciegos de herradura combinados con triforas, ventanas geminadas, alfíz, torres y un singular friso de baquetones siendo éste último, el elemento ornamental más redundado en la decoración de estas singulares Iglesias.

El Rey Sancho Ramírez

En esta fantástica ilustración de Gordón Crabb podemos imaginarnos al gallardo Rey aragonés Sancho Ramírez a sus 25 años de edad, tomando un respiro tras la batalla. El Rey también conocido como Sancho I de Aragón y Pamplona aparece un tanto pensativo; resignado diría yo, por el contradictorio asunto surgido con su fiel Banzo.

El 8 de mayo de 1.064 muere en Graus el rey D. Ramiro, sucediéndolo en el trono su hijo Sancho Ramírez. Por aquel entonces, las dos corrientes reformadores benedictina y gregoriana son aplicadas por igual. En el año 1.068 coincidiendo con el viaje de Sancho Ramírez a Roma cuando éste contaba 25 años de edad, el futuro Papa Gregorio VII  promueve la reforma gregoriana pretendiendo afirmar la hegemonía de un poder absoluto frente al Sacro Imperio Germánico que le disputaba la preeminencia política en el continente.

El abad Banzo, que ejercía su cargo en la región  Serrablesa desde el monasterio de San Andrés de Fanlo,  se negaría al cambio erigiéndose desde su territorio  donde estaba muy arraigada  la liturgia mozárabe como eje de la protesta.

Al reino aragonés, acosado por enemigos poderosos,  no le convenía  ganarse la hostilidad Papal. Ante esta postura, el joven Rey Sancho Ramírez en el año 1069 se ve obligado a destituir a su pesar al  viejo Banzo, estimado amigo de su difunto padre y fiel servidor. Teniendo que abandonar éste, su  dilatado abadiazgo en el monasterio de San Andrés de Fanlo.   

 

M. Buen / 93 “Virgen de transición”, tallada en un tarugo de coral de pino, extraído de un madero descompuesto, medidas 100 X 18 cms. Al fondo silueteada por los últimos destellos crepusculares adormece la popular peña Oroel. Un símbolo junto a la fantástica catedral románica, de la legendaria ciudad de Jaca.

Banzo, tras su cese,  se alojaría temporalmente en el monasterio de San Juan de la Peña hasta la instauración también en éste del rito romano. Sería entonces cuando Aquilino, abad de San Juan de la Peña, protegiendo a Banzo le ofreció la silla abacial del pequeño monasterio de San Martín de Cercito  situado aguas arriba del río Aurín, en las inmediaciones de la villa de Acumuer. Agradecido éste por la ayuda prestada por Aquilino donaría a la orden una casa que poseía en Bailo.

 

Banzo repatriado en los últimos años de su vida en un rincón de la  comarca alto aragonesa que tanto había potenciado desde su abadiazgo en el monasterio de  San Andrés de Fanlo seguiría prestando fielmente sus servicios al rey Sancho Ramírez. Esta vez como abad del pequeño monasterio de San Martín de Cercito, situado en el valle de Acumuer en la profunda espesura del monte, cerca de sus piadosos serrableses y del antiguo cenobio donde tantas empresas perpetraría en beneficio de su   difunto señor,  el rey don Ramiro I.

 

Banzo, haciendo caso omiso a las nuevas leyes eclesiásticas impuestas por la doctrina romana se negaría a relegar los principios evangélicos de pureza y perfección espiritual. Rigiendo en el valle de Acumuer lealmente el monasterio de San Martín de Cercito  y practicando hasta su muerte allá por el 1084 el antiguo ritual mozarabe.

 

Mientras permaneció Banzo en el valle de Acumuer, se alejaría de la imposición de la Iglesia romana a la que consideraba corrupta y llena de obstáculos para cumplir con las abnegadas  aspiraciones  de  una autentica vida cristiana. Viviendo los  últimos años  de su activa existencia llevando una vida contemplativa en simbiosis con  Dios y con  la madre naturaleza.

 

“El alma en los hombres es aquello que  les hace elevarse por encima de toda personalidad. Contemplando la propia naturaleza para comprender la esencia pura de la cosas”.

 

                                                                  Friedrich Schelling

 

El milenario roble de la aldea de Ipies.

Postrado bajo el milenario roble de Ipies a parece mi buen amigo Alberto, como viva referencia de esta majestuosa grandeza de la naturaleza que ha sentido cientos de veces los mágicos influjos que desprende esa misteriosa atracción de la luna llena, que transforma a los ríos en torrentes de plata y a los amantes en fervientes apasionados.

A  la orilla del camino que lleva  hasta las relegadas ruinas del Monasterio de San Andrés de Fanlo, se alza sublime  y majestuoso un roble colosal, de un tronco  magnifico. 

 

 

 

Sabiñánigo motor del Serrablo.

Al amanecer tras el monte de Larrasul, bajo la suave bruma  despierta Sabiñánigo. Silueteados por el horizonte aparece Corcurezo,  el collado de Petreñales, el espolón de Fragineto  y la cara norte del tozal de Guara. 

 

 

 

 En los primeros planos aparecen  en la oscuridad las últimas partidas al sur pertenecientes a la  antigua pedanía de Acumuer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crepúsculo desde los límites de la aldea de Ipiés a unos metros del atávico camino que recorría hace casi mil años el abad Banzo cuando iba o venía del monasterio de San Andrés de Fanlo.

En primer plano, silueteada con los últimos destellos crepusculares, aparece la inquieta escultura monumental de Pilar Montserrat, presentada al público frente a la romántica Iglesia de Ipiés el 13 de octubre de 2006.

 

Desde el monasterio de San Andrés de Fanlo se ve  al irse el día cómo el sol agotado se oculta tras la sierra de la Gabardiella. En Acumuer, por el contrario, sólo se aprecia desde la abadía los débiles destellos crepusculares reflejados en la cara norte de Peña Guara  y Corcurezo.

 

 

        "La vida de los muertos está en la memoria de los vivos".

                                                   

                                                                                                                                                                                                                CICERÓN